LA PLANIFICACIÓN EN LA RELACIÓN SOCIEDAD-FAMILIA
Junto a los intereses comunes a toda sociedad mercantil, en las sociedades familiares confluyen otros derivados de la vinculación familiar de sus miembros que, en mayor o menor grado, influyen en el funcionamiento general de la empresa y son, con suma frecuencia, fuente de conflictos entre la sociedad y la familia o familiares involucrados, de forma especial en el momento de producirse lo que se ha denominado comúnmente como cambio generacional en el seno de la empresa.
Para dar solución a dichos conflictos se ha consolidado en la práctica el recurso a los instrumentos de planificación en la relación sociedad-familia.
Dichos instrumentos son, por una parte, el protocolo familiar, documento de carácter privado y extraestatutario en el que se contienen los pactos y estipulaciones que regulan las relaciones entre la familia y la empresa, y que sientan las bases que permiten preservar la continuidad en el futuro de la empresa familiar, y de otra, el consejo familiar, máximo órgano de gobierno familiar, cuya función esencial consiste en aplicar y desarrollar de forma operativa el citado protocolo.
En definitiva, lo que se persigue es evitar los perjuicios que se derivan del traslado a la sociedad de las tensiones personales que pueden producirse entre los integrantes o miembros de la familia, motivados por las sucesivas transmisiones de su titularidad y gestión, asegurando con ello a su vez la supervivencia y crecimiento de la empresa.